top of page

"Chicos y chicas quieren Rock..."

  • Foto del escritor: Acá Pasan Cosas
    Acá Pasan Cosas
  • 30 ene 2024
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 28 mar 2025

Crónica y fotos del Festival Nuevo Dia en Ciudad Cultural Konex.

¡Muerto el rock, viva el rock!



Indudablemente, pensar que el rock esta muerto surge de la inoperancia. Es decir, no tomar como iniciativa ir en búsqueda de sonidos propios y ajenos de una época, que por múltiples factores, está en decadencia. La operación es simple: recurrir y recorrer a tugurios nocturnos donde una nueva camada de jóvenes toman instrumentos entre sus manos y hace música distorsionada en mayor o menor medida. Tomando esta iniciativa no resulta raro en absoluto asistir a un festival como el Nuevo Día en el Centro Cultural Konex donde jóvenes promesas más el apadrinamiento de viejos héroes del rock de la talla de Massacre convivan.

 

El preámbulo anterior es una excusa para hablar de Sakatumba. Al menos en primer lugar. Inaugurando el escenario al aire libre con pleno sol en los rostros y un calor agobiante el set fue corto. O al menos, pareció corto. Como el resto del festival, la propuesta recae sobra la experiencia, sobre lo animal del show en vivo. Todo va más rápido que en estudio. “Ropa equivocada” es el ejemplo más claro. Sakatumba deambula entre el goth-pop de los años 80, con pasajes post-punk y hasta prog-rock. Todas estas vertientes confluyen en un público juvenil, en su mayoría, y sus bailes y gritos. Si, gritos. Y agudos.

 

Winona Riders se convirtió en uno de los exponentes más contundentes de esta nueva camada del conglomerado nuevo indie rock. Por momentos, el sexteto apela a la psicodelia más efervescente que se pueda digerir en pleno 2024. De a ratos, el rock &  roll barrial se  cuela en algunas melodías.  La banda es una puesta en escena. Todo es movimiento. Todo es adrenalina. Todo es éxtasis. Tan así como lo titula su disco. Las maracas y panderetas de Gabriel Torres Carabajal dan el toque justo y necesario entre el rock de décadas pasadas y el contemporáneo. También su derroche energético al par de la intensidad de las guitarras. En este repertorio, predominó el pogo y el mosh. Los gritos se transformaron en aplausos. El público creció en número y en rango etario.

 

Como cierre del escenario exterior, los reyes del skate-rock argentino Massacre logró juntar post adolescencia, jóvenes y adultos durante un poco más de una hora. La intensidad de  los comandados por Wallas y el Tordo es regulada en el amplio abanico de canciones en más de 30 años de carrera. De “Tengo captura” y “Te leo al revés” a la flamante “Ella va” o bien de “Sofia, la  super vedette” a “Divorcio” y “La reina de marte". El pulso se mantiene intacto más allá de las velocidades de las canciones. Ya es una oda a la nostalgia y un himno de viejas y nuevas generaciones “Plan B: Anhelo de satisfacción” y “Diferentes maneras” con una ronda que parecía convertirse en una olla de un skate park.

 


Todo cambiaría con el escenario Vomit, en el sector bajo techo. El calor, ya sin sol, fue más agobiante. El público no arremetió en despedirse y quedó frente a los set de Dum Chica, Marina Fages y Las Tussi. De todas maneras, hubo un quiebre. El festival parecía otro, un festival dentro de un festival.

 

Dum Chica es una propuesta más que alternativa. Un trío de batería, bajo y voz que apunta a la distorsión grave y fxs. Un sonido que remite a Peyote Asesino, Demonios de Tasmania, a Los Brujos, a Nina Hagen y al movimiento Riot Girl con Bikini Kill a la cabeza. Lucila Storino canta, actúa, dirige y goza. Ramiro Pampin pega duro y propone la base. Juan Gallardo marca el tiempo y el pulso a  puro bajo distorsionado. La energía cae como las gotas de transpiración por el encierre y la alta temperatura.

A esta altura, Marina Fages es más que un nombre conocido de la escena. De las múltiples facetas de sus discos y exposiciones artísticas y con recorridas que van desde KEXP y abrir a Metallica en Buenos Aires, llegó preparada para adelantar lo que va a hacer la presentación oficial de su último disco El mundo pequeño en Niceto Club el próximo 23 de marzo. Bajo este punto, la multi-instrumentista inició con quien da título a su nueva placa y siguió con “Lo mejor de mi". El calor  le jugó un poco en contra, pero no tanto como para bajar la pasión y arenga al público un yeah que recordaba a Olga de The Toy Dolls en “Nellie the Elephant”. Los cierres son con los considerados clásicos. En este caso, el propio de la sureña “Provincia.”

 

Como acto final y aún un gran caudal de presentes, Las Tussi desplegaron su punk rock garage. Capaz, la propuesta más vieja escuela, más cutre del día. Porque lo visceral estuvo con Winona Riders que también lleva el condimento garagero, pero Las Tussi es volver a los sótanos de fines ochenta y principios noventa. El punk nihilista y minimalista, pero que cada tanto baja la intensidad y coquetea con riffs en medio tempo y el doom.

 

Indudablemente, pensar que el rock está muerto surge de la inoperancia. Lo reitero porque es menester repetirlo como mantra. El  rock no está muerto, quisieron matarlo, pero logró diversificarse y consolidarse bajo otra óptica. Mutó para subsistir, para atravesar un nuevo día y volver con la frente marchita. Todos los fines de semanas en tugurios y antros y de vez en cuando en festivales independientes como este que expone lo que pasa en el terreno subterráneo. Solo hay que ensuciarse un poquito y dejar de lado las radios modernas.


 
 
 

Comentarios


bottom of page