El policía bueno, el policía malo y el rugido porteño sin bengalas
- Acá Pasan Cosas

- 5 jun 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 6 jun 2025
System of a Down volvió a Buenos Aires y demostró que el vínculo con el público argentino no necesita humo ni escenografía.
Por: Carolina Bert / Fotos: cortesia Move Concerts

Volvieron. Después de años de más dudas que certezas, System of a Down aterrizó en Vélez y le devolvió al público argentino esa mezcla de furia, nostalgia y distorsión que solo ellos saben cocinar.
Lo que parecía una noche de checklist de clásicos se transformó en una escena digna de buddy cop movie: Daron Malakian, guitarrista y punk crónico, jugó el rol del poli malo, mientras Serj Tankian, el frontman con alma de poeta disidente, se calzaba el uniforme del poli bueno.
Daron soltó sin anestesia:
"¿Saben? las veces anteriores recuerdo que Argentina era más ruidosa."
Y el aire se cortó con cuchillo. Pero antes de que la hinchada se diera por aludida (y ofendida), Al rugido del publico se corrigió con una sonrisa torcida y un piropo nacional:
"¡Esa es la Argentina que conozco!"

Mientras Daron desafiaba con su "modo villano", Serj repartía señas de “los amamos”, “gracias” desde el escenario, como si quisiera calmar a una tribu recién salida del apocalipsis.
Y aunque las bengalas no se encendieron (por obvias razones), se encendió la gente: más de 82 personas mordidas según reportes no oficiales, y una devoción que ya cruza la línea entre recital y ceremonia. Si 82 personas resultaron mordidas. Uno incluso subió en las redes una foto de su cabeza marcada por unos dientes .
El setlist fue una montaña rusa emocional de 33 temas que no dio respiro, arrancando con la rareza de Arto y explotando al toque con Attack, Suite-Pee, Prison Song y una de las más coreadas de la noche: Violent Pornography.
La intensidad siguió con Aerials, Mr. Jack (con un interludio de “Hezze”) y I-E-A-I-A-I-O, mientras el pogo hacía olas.
Después llegaron Genocidal Humanoidz, A.D.D., Needles, Deer Dance, y una seguidilla militarizada que arrancó con Soldier Side-Intro, se fusionó con Soldier Side y estalló con B.Y.O.B.

La segunda mitad trajo joyitas que no siempre suenan en vivo:
Radio/Video, Bubbles, Dreaming (aunque solo el breakdown), Hypnotize, ATWA, Bounce y Suggestions, para delirio de los fans más acérrimos.
Y claro, la tríada infalible: Psycho, Chop Suey! y Lonely Day (con intro de Careless Whisper porque el guitarrista es un romántico en el fondo).
Casi sin darnos respiro, siguieron con Marmalade, Lost in Hollywood, Streamline, Forest, Protect the Land y Cigaro.
El cierre, casi religioso: Roulette y Toxicity, esta última con un breakdown especial que incluyó fragmentos de Ghapama y Aman Telo de Harout Pamboukjian, a cargo del mismísimo Daron.

Shavo Odadjian, se calzó un poncho criollo que lo convirtió en una especie de zorro armenio de la Pampa. Ovación garantizada.
Y John Dolmayan, el más low profile de todos, tuvo su momento de culto el día anterior al show, firmando cómics y vinilos en una comiquería porteña . El super héroe de esta visita.
¿El detalle tierno de la noche? Un abrazo grupal al final, casi con vergüenza, pero real. Después de años de rumores, pausas y distancias, verlos así fue como ver a tus viejos amigándose después de una pelea vieja. Catártico.
No hubo bengalas, pero sí hubo salto. Hubo devoción. Hubo colmillos.
Y aunque en redes subieron videos de otros países con fuegos artificiales, lo nuestro fue otra cosa: fuego garganta, fuego alma, fuego argentino.
Porque la Argentina que ellos conocen—la que se deja la voz y la cordura en la cancha—sigue ahí, a las mordidas de frustración y buscando catarsis pero viva.





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