"Quise dar voz a historias de mujeres silenciadas, marginadas". Entrevista con Carolina Mama
- Acá Pasan Cosas

- 13 nov 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 14 nov 2025
Radicada en Estados Unidos desde el 2014 y becada por el conservatorio The
New School of Jazz and Contemporary, Carolina es una cantante,
compositora, música y cineasta argentina.
La ex-integrante de proyectos como Nacarola y Levana, emprende su camino
como artista solista con AMINA, su primer disco, que vió la luz el pasado 26 de
septiembre.

APC: Carolina, ¿Cómo fue crecer en Nueva York, siendo seleccionada con una beca para ingresar al conservatorio? ¿Y cómo lo relacionas con tus raíces argentinas?
Carolina: Llegar a Nueva York fue un salto enorme. Entrar a The New School me abrió un universo creativo inmenso, donde pude explorar el jazz, la improvisación y una libertad sonora que me transformó profundamente. Pero al mismo tiempo fue el lugar donde más me reencontré con mis raíces argentinas. Estar lejos me hizo volver a las melodías y a las palabras de la música de mi país: desde Illya Kuryaki and the Valderramas a Luis Alberto Spinetta, Fito Páez o Juan Quintero. Siempre fui una enamorada de la música argentina, de su poesía, de su fuerza emocional y de su mezcla de ternura y rebeldía. En Nueva York comprendí que mi identidad artística estaba justamente en ese cruce: Entre el pulso urbano y experimental de la ciudad y la profundidad melódica y lírica de mis raíces.
APC: ¿Qué podemos esperar de tu nuevo trabajo Amina? ¿Cómo fue trabajar con Lau Noah y Emily Elbert?
C: Amina es mi primer disco y una obra profundamente personal. Nació de la necesidad de dar voz a historias que muchas veces no se escuchan, a mujeres que han sido silenciadas o marginadas. Es un homenaje a su fuerza, a su resiliencia y a su belleza. Cada canción atraviesa un paisaje distinto: el amor, la pérdida, la violencia, la libertad. Es un disco que habla del dolor, pero también de la posibilidad de transformación y de esperanza.
Las canciones fueron grabadas en vivo, porque quería capturar la energía del momento, sin artificios. Esa crudeza y esa vulnerabilidad hacen que la música respire y se sienta viva.
Trabajar con Lau Noah y Emily Elbert fue una experiencia transformadora. Son dos artistas que admiro profundamente, con una sensibilidad y una verdad que me inspiraron desde el primer día. Con Lau y Emily compartimos una búsqueda muy similar: hacer música desde lo esencial, desde la emoción más pura. En el estudio se generó un espacio de mucha intimidad y escucha, donde cada una aportó su universo sonoro, pero siempre al servicio de la canción.
APC: ¿Cómo surgió tu colaboración con Mat Alba?
C: Nos conocimos en Nueva York, en un show donde yo estaba tocando, y desde entonces mantuvimos el contacto. Había una conexión artística y humana muy natural, una sensibilidad compartida por las historias que se cuentan desde la verdad. Tiempo después lo invité a sumar su voz en “Dos Almas”, una canción que habla sobre el equilibrio, las complejidades y las transformaciones inevitables del amor.
Sentí que su energía y su timbre eran perfectos para acompañar ese diálogo entre lo masculino y lo femenino, entre el amor que une y el que aprende a soltar. “Dos Almas” no busca idealizar el amor, sino mostrarlo en toda su profundidad: la belleza, el caos, la despedida y la sanación. Mat aportó una presencia muy honesta y sensible; su voz se entrelaza con la mía como un eco, un reflejo, una respuesta. Juntos logramos crear un paisaje íntimo, casi cinematográfico, donde el amor se reconoce como un proceso de crecimiento mutuo.
APC: ¿Cuáles son tus principales influencias y qué buscás que transmita tu música?
C: Mis influencias son muy diversas y reflejan los distintos universos que habitan en mi manera de entender la música. Admiro a artistas como Residente, Fatoumata Diawara, Laura Mvula, Benjamin Clementine, Toto la Momposina, Damien Rice y James Blake, porque cada uno de ellos crea desde un lugar profundamente auténtico, donde lo emocional y lo experimental conviven sin límites.
La música, para mí, tiene esa dualidad fascinante: es compleja y simple a la vez. Puede ser una arquitectura de ritmos, armonías y melodías, pero también algo que escapa a la razón, que llega a lugares de nosotros que no se pueden explicar. Busco que mis canciones generen emoción desde ese misterio, que conmuevan sin necesitar entenderlas del todo, que dejen una huella invisible, como un eco que se queda resonando adentro.
APC: Luego de haber participado de varios proyectos musicales ¿Cómo fue crear un álbum enteramente con tu espíritu y visión?
C: Crear Amina fue un proceso de mucha entrega y de volver a mi centro. Después de años colaborando en distintos proyectos, sentí la necesidad de escuchar mi propia voz, de entender qué quería decir y cómo quería decirlo. Fue un viaje de maduración y de confianza, un ejercicio de libertad creativa y también de vulnerabilidad.
Este disco representa una síntesis de todo lo vivido: mis raíces, mis búsquedas, mis contradicciones, mis silencios. Por primera vez sentí que podía unir todas esas partes de mí en un mismo lugar, sin tener que elegir entre lo íntimo y lo político, entre lo de raíz y lo contemporáneo. Amina es mi punto de partida y mi punto de llegada, un espacio donde pude ser completamente yo.
APC: Tu música es sofisticada pero delicada, y lleva consigo una mezcla de géneros: jazz, hip-hop, folk latino y rap ¿Qué te lleva a ese cóctel de géneros y a ese sonido tan propio?
C: Nunca pensé la música desde los géneros, sino desde la emoción. Me interesa la libertad de poder moverme entre distintos lenguajes sin sentir que tengo que pertenecer a uno solo. El jazz me dio la posibilidad de improvisar y explorar, el folclore me conectó con la raíz y la palabra, y el hip-hop me enseñó la fuerza del ritmo y del mensaje directo.
Lo que me atrae es esa alquimia que se da cuando universos distintos se encuentran.
Hay algo muy humano en eso: somos mezcla, memoria y movimiento. Me gusta pensar que mi sonido nace de ese cruce, de dejar que las influencias dialoguen entre sí hasta encontrar un punto de equilibrio. La música, en ese sentido, es un espacio infinito donde todo puede convivir si está hecho con verdad.
*Por: Brian Illanes Rossi Ferrari // Fotos: Cortesía prensa Carolina Mama




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